Sí, lo sé, tengo esto un poco abandonado... pero estas últimas semanas han sido kaotisch (mi nueva palabra favorita en alemán. Bueno, en realidad esa es la segunda; la primera es katastrophe, pero no era plan de ponernos sensacionalistas, que bastante amarillismo hemos tenido ya con el Madrid Arena y con Sandy).
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| No he podido evitarlo... ¡Me encanta! |
Precisamente de eso, de gustos y disgustos, quería escribir hoy. Ya llevo poco más de dos meses aquí, y puedo decir que hay cosas que me gustan mucho de Alemania, pero también otras que no tanto. A ver: ¿por dónde empezamos? Creo que lo mejor será utilizar la técnica del ping-pong.
Cosas que me gustan de Alemania #1: los taxistas
Me pirran los taxistas de Frankfurt. En realidad, el gremio de taxistas siempre me ha parecido muy curioso (y por mucho que le pueda pesar a quien me acompañe en el trayecto, existe una fuerza sobrenatural que me obliga a hablar con todo taxista que me lleve a casa, independientemente de la cadena de radio que escuche). También es cierto que esa fuerza sobrenatural suele ser proporcional a lo que haya dado de sí la noche, todo hay que decirlo. Pero es que en Frankfurt la cosa es todavía más especial. Me explico: cerrad los ojos e intentad pensar en el país más remoto del mundo. Ese con el que os topáis por casualidad intentando encontrar España en un formulario. Inmediatamente pensáis que tiene que ser una broma, que no es posible que alguien viva en un sitio que ni siquiera se puede pronunciar. Pues en Frankfurt hay un taxista, como mínimo, que proviene de allí. Claro, lo que yo no sabía (y de lo que gracias a un amable taxista de blablakistán me enteré), es que aquí eso de que una señorita con acento extranjero se ponga a hablar con el taxista, así porque sí, da a entender otras intenciones. Glups. Si es que es en los taxis donde se aprende de la vida, que os lo tengo dicho.
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| Los taxistas pueden venir de lugares tan remotos como Sisante, Cuenca. |
Cosas que no me gustan de Alemania #1: lo eficaces que se creen los alemanes
Había una vez una joven e indefensa española que todo cuanto quería era abrirse una cuenta en Alemania nada más llegar al país para no repetir la horrible experiencia que tuvo en Dinamarca unos años antes con la tarjeta de su país. Buscó las palabras necesarias en el diccionario para enfrentarse al malévolo director de la sucursal (que resultó ser un adorable y apuesto joven) y, en consonancia con la archiconocida efectividad alemana, abrió su cuenta en tan sólo 5 minutos. ¡Qué alegre se puso la españolita cuando el simpático director de la sucursal le dijo que en 5 días recibiría la tarjeta en su domicilio! "Desde luego, sí que son eficaces estos Alemanes", pensó. Pero la alegría se fue desvaneciendo de su rostro según iba tachando casillas en el calendario. Bien es cierto que, una semana más tarde, recibió un gran sobre procedente de la entidad bancaria, que resultó contener DE TODO, menos una tarjeta. Quiero precisar que, con "DE TODO", me refiero a que servidora puede pedir una hipoteca en Alemania, enviar cartas con sobres que ya tienen su dirección impresa en el remite y otras tantas cosas cuyo propósito, a día de hoy, aún no he descubierto. Pero ni rastro de la tarjeta. Siete semanas más tarde (sí, siete), tras haber recibido dos tarjetas que no se correspondían con sus respectivos códigos y haber visitado al apuesto caballero tantas veces que ya se tuteaban, la niña cerró la cuenta enfadada, no sin antes espetarle al encargado que "los bancos españoles estarán en bancarrota, pero por lo menos le mandan a uno una tarjeta a tiempo". Al buen hombre no se le borró la sonrisa empática (porque, eso sí, majetes son), le devolvió a la niña todo su dinero, y ella se fue a casa cantando. Desde entonces duerme con un cuchillo bajo la almohada, por si las moscas.
Ese tierno cuento es sólo un ejemplo de unas tantas situaciones de "vuelva usted mañana" que he vivido hasta ahora. Entro en un establecimiento, me dicen que lo sienten mucho (educados también son), pero que no tienen todavía lo que me habían prometido que tendrían. Salgo por la puerta resignada y vuelvo a pedir un aval para pagar el metro de vuelta. Lo bueno: no me pilla de sorpresa, porque siento repetiros que "Spain is not different", por mucho que os pese.
Cosas que me gustan de Alemania #2: la actitud de los frankfurtianos para con los extranjeros
A la gente no le suele gustar la ciudad, pues, de buenas a primeras, parece que no tiene mucho que ofrecer. La verdad es que yo opino lo contrario. Es cierto que "Bankfurt" no es el paradigma de la arquitectura, ni tiene los canales más bonitos del mundo. Es impresionante ver la maqueta que muestra la ciudad tras la guerra, puesto que tan sólo quedó en pie un 20% de la que había sido una de las ciudades más importantes de la Europa medieval. Pudieron haberla levantado de nuevo imitando la apariencia anterior, como hicieron con la imponente Dresden, pero aquí decidieron dar un giro de 39423490089 grados y construir una ciudad financiera y cosmopolita. Lo consiguieron, y ahí es donde reside el encanto de Frankfurt.
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| Frankfurt, 1945 |
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| Encuentra las 7 diferencias. |
Cosas que no me gustan de Alemania #2: la televisión
¿Os creíais que la tele basura era cosa de Berlusconi y Tele 5? Ilusos... Aquí también hay Hermano Mayor y otras perlas del estilo, aunque el concepto de "choni" es bastante distinto. Pero lo hay, que es lo que importa. Cuando no hay telebasura, hay debates políticos en los que la izquierda y la derecha no se chillan ni se reprochan cosas. Que vale, me niego a ver telebasura, pero un poco de acción y vidilla en los debates tampoco está de más... A veces uno tiene suerte y encuentra con una película sin anuncios (punto positivo) o una serie americana, aunque no termino de acostumbrarme al doblaje alemán. Pero bueno, God Save Saturn, que me proporciona temporadas enteras de series por el módico precio de 10 euros, las cuales puedo ver en Alemán, cuando quiero hacer oído, o en inglés, cuando quiero descansar un poco del tonillo chillón de las actrices de doblaje alemanas. Eso sí, los niños son niños actores, cosa que a Vicente Pascual le llenará de orgullo y satisfacción saber. Por el contrario, he descubierto que la radio de aquí es bastante molona, así que he retrocedido algunas décadas y ahora parezco una abuela que escucha la radionovela mientras hace punto de cruz, aunque, en mi caso, en vez de hacer punto de cruz crucifico los verbos irregulares. [Aprovecho para aconsejar a todos aquellos que estudien alemán a darse una vuelta por hr-online.de, la radio de Hessen, con todo tipo de emisoras. Truco: Hr1 = Kiss Fm; Hr2 Kultur = Radio 3; Hr info = RNE noticias; You Fm = 40 Principales. At your disposal :) ]
En fin, aquí un pequeño adelanto de algunos "gustos y disgustos". Ahora he empezado una nueva etapa, la de intentar encontrar unas prácticas de lo mío. Espero que en la próxima entrega sobre la apasionante situación de buscar un trabajo me traiga muchos "gustos" y muy pocos o ningún "disgusto". Os mantendré informados :)
¡Hasta pronto!



























